Hace un par de años, los directores estadounidenses Quentin Tarantino y Robert Rodríguez popularizaron entre los aficionados de medio mundo el término grindhouse, que designaba, en la época pre-VHS, a las salas de mala nota de las grandes ciudades que proyectaban cine de género de serie B, C ó Z. No es por ponernos estupendos, pero también nosotros tuvimos nuestro Times Square, nuestra Market Street, nuestro Hollywood Boulevard. Sólo que los llamábamos cines de barrio.
En los años en que el ocio audiovisual era sinónimo exclusivo de sala de cine, varias generaciones de espectadores bilbaínos pasaron horas y horas de diversión delante de las más que sufridas pantallas de locales como el Abando, el Artagan, el Banderas, el Colón, el Cinema Deusto, el Filarmónica, el Gayarre, el Ideal, el Matico, el Ocharcoaga, el Olimpia, el Recalde o el Santuchu. O el Salón Vizcaya. Situado en los números 40 y 42 de la calle San Francisco, construido en 1909, cerrado en 1981 y derruido en 1991, la historia de esta sala bilbaína haría que los más duros grindhouses de la calle 42 neoyorquina parecieran, a su lado, el cine Trueba durante el estreno, en las navidades de 1965, de Mary Poppins (los interesados pueden consultar el espléndido libro de Alberto López Echevarrieta Los cines de Bilbao).
FANT homenajea en esta edición, gracias a la gentileza de Manga Films, una forma ya perdida de ver cine, proyectando títulos sublimes, inusuales o disparatados en sesión continua y programa doble. Disfrútenlos lejos de la comodidad de su home cinema. |